Anotaciones al borde del abismo (diario de lectura)
Estoy leyendo el último libro de Guillermo Niño de Guzmán: Hasta perder el aliento. A falta de una definición para este tipo de libro, Guzmán ha decidido llamarlo Cuaderno de letra herido. Esto mismo le pasó a Ribeyro con Prosas apátridas*. Yo me atrevería a llamarlo diario de lectura. Porque ya sean comentarios, reflexiones, anotaciones o simples transcripciones, aquellos textos nacen de la lectura que necesariamente debe realizar todo escritor o cualquier persona que tiene pretensiones de escribir. Y como la inquietud de todo lector-escritor no queda en la mera obra de ficción, su curiosidad lo lleva también a averiguar el contexto en que fue escrita la obra, como también los estudios o ensayos que analizan su forma, estilo o interpretación.
Pero el diario de lectura también nos muestra las frustraciones ante la imposibilidad de escribir. Y allí estriba el problema con este tipo de textos: son intentos de algo mayor, son textos inacabados. Las prosas apátridas, los cuadernos de letra herido o los diarios de lectura no son lecturas recomendables para los que buscan leer ensayos trascendentes. Los textos del diario son demasiado insustanciales y, por lo tanto, agradables para el lector ocioso, atemporal.
Este texto, por ejemplo, es una breve página de un diario de lectura.
*Ribeyro explica en el prólogo de su libro que los llama así porque "se trata de textos que no se ajustan cabalmente a ningún género, pues no son poemas en prosa, ni páginas de un diario íntimo, ni apuntes destinados a un posterior desarrollo".

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