Crítica a Le dedico mi silencio de Vargas Llosa
Vayamos directo al asunto. Les
dedico mi silencio trata sobre los sueños de gloria, el
esplendor y la caída en desgracia de Toño Aspilcueta, un estudioso
de la música criolla que vive al margen del mundillo académico
limeño y que una noche de jarana y concierto escucha a Lalo Molfino,
un guitarrista de extraordinario talento que hace renacer las
esperanzas de Aspilcueta sobre la influencia positiva que la música
criolla puede tener en la sociedad peruana como elemento de unión y
hermandad.
Sin embargo, ocurre un hecho inesperado: Lalo
Molfino, el guitarrista, fallece. Este suceso llevará a Toño
Aspilcueta a escribir un libro sobre la vida de Molfino, cuyas
páginas también desarrollarán la teoría utópica de la música
criolla como elemento unificador de nuestra sociedad.
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Otros apuntes sobre la novela
4. Por otro lado, es curioso el trauma con las ratas de Azpilcueta. En el libro Aquellos años del Boom de Xavi Ayén se cuenta que Vargas Llosa, mientras vivía en Londres, tuvo un serio problema de infestación de ratas en su vivienda. A continuación transcribo lo leído en el libro:
[...] vivió en circunstancias tan estrechas, tan míseras, que su casa consistía en dos cuartos amoblados —él se encerraba en uno mientras su mujer trataba de mantener a los niños en relativo silencio para que en el cuarto contiguo Vargas Llosa pudiera concluir Conversación en La Catedral—, donde todo el tiempo que les dejaban libre el trabajo y el cuidado de los niños lo pasaban cazando ratas que infestaban el piso, y cuando no estaban cazándolas, hablando de ellas: cuántas viste ayer, me parece que hay una debajo de la mesa, yo maté tres, se comieron el pan, etc.
Miriam Gómez, viuda de Cabrera Infante, me lo confirma:Yo era la que cazaba las ratas, la pobre Patricia era muy joven y no sabía cómo hacerlo, yo llegaba armada con un palo a su casa e iba a por ellas. No era por pobres, es que en Londres había muchas ratas, vivíamos al lado del metro y los roedores subían a buscar comida. Los Vargas estaban obsesionados con las ratas, pero es normal, ¿no?
Al parecer, aquella obsesión vivida en Londres Vargas Llosa se lo traspasa a Azpilcueta.
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